Page 34 - El Príncipe
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                Capítulo


                Cómo deben medirse las fuerzas de todos los

                principados



                Conviene,  al  examinar  la  naturaleza  de  estos  principados,  hacer  una
                consideración más, a saber; si un príncipe posee un Estado tal que pueda, en
                caso necesario, sostenerse por sí mismo, o sí tiene, en tal caso, que recurrir

                a la ayuda de otros. Y para aclarar mejor este punto, digo que considero
                capaces de poder sostenerse por sí mismos a los que, o por abundancia de
                hombres  o  de  dinero,  pueden  levantar  un  ejército  respetable  y  presentar
                batalla  a  quien  quiera  que  se  atreva  a  atacarlos;  y  considero  que  tienen
                siempre necesidad de otros a los que no pueden presentar batalla al enemigo
                en  campo  abierto,  sino  que  se  ven  obligados  a  refugiarse  dentro  de  sus
                muros para defenderlos. Del primer caso ya se ha hablado, y se agregará

                más adelante lo que sea oportuno. Del segundo caso no se puede decir nada,
                salvo aconsejar a los príncipes que fortifiquen y abastezcan la ciudad en que
                residen y que se despreocupen de la campaña. Quien tenga bien fortificada
                su ciudad, y con respecto a sus súbditos se haya conducido de acuerdo con
                lo  ya  expuesto  y  con  lo  que  expondré  más  adelante,  difícilmente  será
                asaltado;  porque  los  hombres  son  enemigos  de  las  empresas  demasiado

                arriesgadas, y no puede reputarse por fácil el asalto a alguien que tiene su
                ciudad  bien  fortificada  y  no  es  odiado  por  el  pueblo.  Las  ciudades  de
                Alemania son libérrimas; tienen poca campaña, y obedecen al emperador
                cuando les place, pues no le temen, así como no temen a ninguno de los
                poderosos que las rodean. La razón es simple: están tan bien fortificadas
                que no puede menos de pensarse que el asedio sería arduo y prolongado.
                Tienen muros y fosos adecuados, tanta artillería como necesitan, y guardan

                en sus almacenes lo necesario para beber, comer y encender fuego durante
                un año; aparte de lo cual, y para poder mantener a los obreros sin que ello
                sea una carga para el erario público, disponen siempre de trabajo para un
                año  en  esas  obras  que  son  el  nervio  y  la  vida  de  la  ciudad.  Por  último,
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