Page 53 - Alonso, un conquistador de diez años
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a la parte de la bodega ocupada por los colonos.
          Esta zona estaba separada del lugar de la tri­
       pulación y la mercadería por una cortina. Se en­
       contraba dividida en pequeños espacios de unos
       tres metros;  uno para cada familia. Allí debían
       dejar sus bultos y acomodarse para vivir durante
       los dos meses siguientes.
          En  uno de esos espacios, vi un objeto de gé­
       nero  que  colgaba  desde  los  dos extremos. ¡Era
       rarísimo!  �ise averiguar para qué servía. Pero
       en ese momento llegó el Villano, y a gritos me
       mandó a la cocina a desplumar gallinas.
          Ahí me encontré con Pelayo, que ya había co­

       menzado la tarea con las pobres aves.
          -¡Vaya,  vaya  ...  !  -dijo  en  un  tono  burlón,
       que me dio mucha rabia-, ¡  ...  el chico se ha ena­
       morado  y se  le  han  paralizado  las manos para
       trabajar! ¡Ojalá no se te paralice el corazón antes
       de llegar a las Indias!
          -¡No seas tonto!  -le dije enfadado-. ¡Solo
       quise ser cortés con los nuevos colonos!
          Él me miró. Parecía molesto. ¿�é le pasaba?
       No podía imaginármelo. Mucho después, al re­
       cordar toda nuestra aventura, me di  cuenta de
       que en ese momento sintió que nuestra amistad
       peligraba por el abordaje de una intrusa al barco.


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