Page 50 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 50

vimos a la tarea. Estábamos algo  temerosos de                   6
            que el escándalo atrajera a  Villena, pero  felices            ¿QUIÉN SERÁ EL VILLANO?
            por el buen rato que habíamos pasado.
               Villena, que para nosotros pasó a ser solo el
            Villano, nada supo de nuestra aventura, pero nos
            tuvo el resto del día trabajando.



                                                                          AL ATARDECER  DIVISAMOS  las luces de Sanlú­
                                                                          car. ¡Por fin llegábamos al mar!
                                                                             Mi emoción fue doble: por primera vez esta­
                                                                          ba frente al océano  y también vi a Covadonga,
                                                                          que embarcó junto a sus padres. Me impresionó.
                                                                          ¡Nunca había visto a una niña tan linda! Su piel
                                                                          era blanca y contrastaba con su negro pelo, que
                                                                          con la brisa marina bailaba sobre sus hombros.
                                                                          Sus ojos color aceituna parecían chispear.
                                                                             Con una sonrisa, me  miró. Enrojecí, y sentí

                                                                          que la cara me ardía. Pelayo, al verme, se burló
                                                                          de mí. No le hice caso y, dando unos pasos, me
                                                                          acerqué a ella y le pregunté:
                                                                             -¿Vas a las Indias?
                                                                             No había terminado de hablar, cuando me di
                                                                          cuenta de lo estúpido de mi pregunta. ¡A dónde
                                                                          diablos iba a ir, si no era a las Indias! Y sentí que
                                                                          nuevamente enrojecía. Sin escuchar la respuesta
                                                                          de la niña, cogí sus bultos y la ayudé a llevarlos


            50                                                                                                             51
   45   46   47   48   49   50   51   52   53   54   55