Page 57 - Alonso, un conquistador de diez años
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-¡Sube tú, Pelayo! Una vez arriba, vimos el mar tan negro como
-¡Bah! ¡Esto es facilísimo! -dijo, al tiempo la noche y coronado de enormes crestas blancas.
que ponía su pie sobre la hamaca. ¡Cb:}é pequeña e insignificante parecía nuestra
En ese momento se produjo un balanceo y mi nave en medio de ese mar tan bravo!
amigo cayó de cabeza hacia el otro lado. Ante mis -¡Mira esa ola que se nos aproxima!
carcajadas, volvió a intentarlo con igual resulta -dije asustadísimo, mientras buscaba algo de
do. Yo me doblaba de la risa y Pelayo, ofendido, qué agarrarme.
me dijo: En ese momento la ola pasó por encima y nos
-¡Prueba tú a ver si es tan fácil! dejó empapados hasta los huesos. Pelayo tiritan
Astutamente pensé que si poniendo un pie no do y sujetándose fuertemente de mí, me dijo con
resultaba, debía poder subirme cargando todo el un hilo de voz:
cuerpo sobre la hamaca. Al hacerlo, esta se enro -Una vez una ola inmensa volcó un barco.
lló sobre mí y caí bruscamente. ¡Qüen reía ahora ¡Eso me contaron!
era mi amigo! En medio de la oscuridad y del agua que caía
Después de muchos intentos lo logramos. Solo a raudales, escuché al capitán dando órdenes. Me
entonces nos llamó la atención el movimiento de acerqué. El tono y los gestos dejaban traslucir su
la nave. Habíamos estado tan afanados con la ha preocupación. Los hombres corrían amarrando
maca, que no nos dimos cuenta de que el barco las velas y sujetando los dos cañones que había
daba tumbos de una forma totalmente anormal. sobre cubierta. En el timón, dos marineros lucha
-Alonso, me parece que de verdad ha ban infructuosamente para mantener el rumbo.
brá tormenta -comentó Pel G-, y creo que De pronto, resbalé y fui arrastrado por una gi
ay
será fuerte. gantesca ola que me envolvió. No podía zafarme
-¡Vamos afuera a ver qué pasa! -dije expec y me sentía como un enano diminuto tragado
tante-. Nunca he visto una tormenta. por las fauces del gigantesco océano.
Apenas pudimos llegar a cubierta, ya que el En medio de este torrente marino, escuché en
violento vaivén nos hacía caer de un lado a otro. la lejanía el grito de mi inseparable amigo.
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