Page 52 - Alonso, un conquistador de diez años
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a la parte de la bodega ocupada por los colonos.
Esta zona estaba separada del lugar de la tri
pulación y la mercadería por una cortina. Se en
contraba dividida en pequeños espacios de unos
tres metros; uno para cada familia. Allí debían
dejar sus bultos y acomodarse para vivir durante
los dos meses siguientes.
En uno de esos espacios, vi un objeto de gé
nero que colgaba desde los dos extremos. ¡Era
rarísimo! �ise averiguar para qué servía. Pero
en ese momento llegó el Villano, y a gritos me
mandó a la cocina a desplumar gallinas.
Ahí me encontré con Pelayo, que ya había co
menzado la tarea con las pobres aves.
-¡Vaya, vaya ... ! -dijo en un tono burlón,
que me dio mucha rabia-, ¡ ... el chico se ha ena
morado y se le han paralizado las manos para
trabajar! ¡Ojalá no se te paralice el corazón antes
de llegar a las Indias!
-¡No seas tonto! -le dije enfadado-. ¡Solo
quise ser cortés con los nuevos colonos!
Él me miró. Parecía molesto. ¿�é le pasaba?
No podía imaginármelo. Mucho después, al re
cordar toda nuestra aventura, me di cuenta de
que en ese momento sintió que nuestra amistad
peligraba por el abordaje de una intrusa al barco.
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