Page 47 - Alonso, un conquistador de diez años
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vientos y las mareas favorables en alta mar. Esta bros de esta tripulación respondan en los buenos
ba agotado después del trabajo, de modo que me y en los malos momentos. Les advierto que no
dormí en el instante en que puse la cabeza sobre toleraré la menor insubordinación. Todos uste
la dura madera. Y otro tanto le ocurrió a Pelayo. des conocen el código marinero y también las
A medianoche desperté desconcertado, tiri consecuencias de las malas acciones. Les exijo un
tando de frío y levemente mareado. No supe de especial respeto hacia los colonos que llevamos
momento dónde estaba, hasta que sentí el balan a bordo.
ceo del barco sobre el agua. Me tapé con la manta Luego de estas palabras, dio media vuelta y se ale
que llevaba en mi morral y este lo puse de almo jó con el piloto a terminar de planificar la travesía.
hada, para evitar la dureza de la madera. Cuando volvimos a nuestras labores, comen
Antes del amanecer, alguien me zamarreó zaron a embarcar los colonos. Eran dos familias.
bruscamente y una dura voz ordenó: Una de ellas estaba compuesta por un matrimo
-¡Todos a cubierta! ¡El capitán va a hablar nio joven: los Hernández. Más tarde supimos
antes de zarpar! que se llamaban Juana y Fernando y que iban a
Me costó abrir los ojos y, ¡horror!, frente a mí Veracruz, en México, las tierras que había con
estaba el hombre de la cicatriz. Consternado, quistado Hernán Cortés. La otra familia, los Pé
miré a Pelayo, y la expresión de sus ojos me de rez, tenían un niño de unos dos años, regordete y
mostró que también él lo había reconocido. ¡Dios muy travieso. Todos ellos, excepto el pequeño, se
mío! ¿Nos habría visto aquella noche? veían inquietos. Creo que todos sentían, igual que
Subimos temblando a cubierta. Sin atrevernos yo, una gran incertidumbre. ¿Cómo nos iría en
a decir palabra, nos quedamos atrás, a la expecta América? ¿ Volveríamos alguna vez a nuestra tie
tiva de lo que iba a decir el-capitán. rra? Y por mi parte, no podía dejar de pensar en
Una vez reunidos, este tomó la palabra y, con mi madre tan lejos y tan sola allá en Torremocha.
fuerte voz, dijo: Una vez a bordo, el capitán dio la orden de
-Este viaje será duro. Tardaremos aproxima zarpar. El barco comenzó a moverse lentamen
damente dos meses y espero que todos los miem- te y Sevilla a desaparecer de nuestra vista. Las
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