Page 77 - El Príncipe
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Capítulo
Por qué los príncipes de Italia perdieron sus
estados
Las reglas que acabo de exponer, llevadas a la práctica con prudencia,
hacen parecer antiguo a un príncipe nuevo y lo consolidan y afianzan en
seguida en el Estado como si fuese un príncipe hereditario. Por la razón de
que se observa mucho más celosamente la conducta de un príncipe nuevo
que la de uno hereditario, si los hombres la encuentran virtuosa, se sienten
más agradecidos y se apegan más a él que a uno de linaje antiguo. Porque
los hombres se ganan mucho mejor con las cosas presentes que con las
pasadas, y cuando en las presentes hallan provecho, las gozan sin inquirir
nada; y mientras el príncipe no se desmerezca en las otras cosas, estarán
siempre dispuestos a defenderlo. Así, el príncipe tendrá la doble gloria de
haber creado un principado nuevo y de haberlo mejorado y fortificado con
buenas leyes, buenas armas, buenos amigos y buenos ejemplos. Del mismo
modo que será doble la deshonra del que, habiendo nacido príncipe, pierde
el trono por su falta de prudencia.
Si se examina el comportamiento de los príncipes de Italia que en
nuestros tiempos perdieron sus Estados, como el rey de Nápoles, el duque
de Milán y algunos otros, se advertirá, en primer lugar, en lo que se refiere a
las armas, una falta común a todos: la de haberse apartado de las reglas
antes expuestas. Después se verá que unos tuvieron al pueblo por enemigo,
y que el que lo tuvo por amigo no supo asegurarse de los nobles. Porque sin
estas faltas no se pierden los Estados que tienen recursos suficientes para
permitir levantar un ejército de campaña.
Filipo de Macedonia, no el padre de Alejandro, sino el que fue vencido
por Tito Quincio, disponía de un ejército reducido en comparación con el de
los griegos y los romanos, que lo atacaron juntos; sin embargo, como era
guerrero y había sabido congraciarse con el pueblo y contener a los nobles,

