Page 49 - El Príncipe
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frívolo; uno religioso, otro incrédulo, y así sucesivamente. Sé que no habría
                nadie  que  no  opinase  que  sería  cosa  muy  loable  que,  de  entre  todas  las
                cualidades  nombradas,  un  príncipe  poseyese  las  que  son  consideradas

                buenas; pero como no es posible poseerlas todas, ni observarlas siempre,
                porque la naturaleza humana no lo consiente, le es preciso ser tan cuerdo
                que sepa evitar la vergüenza de aquellas que le significarían la pérdida del
                Estado, y, sí puede, aun de las que no se lo harían perder; pero si no puede
                no debe preocuparse gran cosa, y mucho menos de incurrir en la infamia de
                vicios  sin  los  cuales  difícilmente  podría  salvar  el  Estado,  porque  si
                consideramos  esto  con  frialdad,  hallaremos  que,  a  veces,  lo  que  parece

                virtud  es  causa  de  ruina,  y  lo  que  parece  vicio  sólo  acaba  por  traer  el
                bienestar y la seguridad.
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