Page 45 - El Príncipe
P. 45

14



                Capítulo


                De los deberes de un príncipe para con la milicia



                Un  príncipe  no  debe  tener  otro  objeto  ni  pensamiento  ni  preocuparse  de
                cosa  alguna  fuera  del  arte  de  la  guerra  y  lo  que  a  su  orden  y  disciplina
                corresponde, pues es lo único que compete a quien manda. Y su virtud es
                tanta, que no sólo conserva en su puesto a los que han nacido príncipes,

                sino  que  muchas  veces  eleva  a  esta  dignidad  a  hombres  de  condición
                modesta;  mientras  que,  por  el  contrario  ha,  hecho  perder  el  Estado  a
                príncipes que han pensado más en las diversiones que en las armas. Pues la
                razón principal de la pérdida de un Estado se halla siempre en el olvido de
                este  arte,  en  tanto  que  la  condición  primera  para  adquirirlo  es  la  de  ser
                experto en él.

                   Francisco Sforza, por medio de las armas, llegó a ser duque de Milán, de
                simple ciudadano que era; y sus hijos, por escapar a las incomodidades de
                las  armas,  de  duques  pasaron  a  ser  simples  ciudadanos.  Aparte  de  otros
                males que trae, el estar desarmado hace despreciable, vergüenza que debe
                evitarse  por  lo  que  luego  explicaré.  Porque  entre  uno  armado  y  otro
                desarmado no hay comparación posible, y no es razonable que quien esté
                armado  obedezca  de  buen  grado  a  quien  no  lo  está,  y  que  el  príncipe

                desarmado  se  sienta  seguro  entre  servidores  armados,  porque,  desdeñoso
                uno y desconfiado el otro, no es posible que marchen de acuerdo. Por todo
                ello,  un  príncipe  que,  aparte  de  otras  desgracias,  no  entienda  de  cosas
                militares, no puede ser estimado por sus soldados ni puede confiar en ellos.
                   En  consecuencia,  un  príncipe  jamás  debe  dejar  de  ocuparse  del  arte
                militar,  y  durante  los  tiempos  de  paz  debe  ejercitarse  más  que  en  los  de

                guerra; lo cual puede hacer de dos modos: con la acción y con el estudio.
                En  lo  que  atañe  a  la  acción,  debe,  además  de  ejercitar  y  tener  bien
                organizadas  sus  tropas,  dedicarse  constantemente  a  la  caza  con  el  doble
                objeto de acostumbrar el cuerpo a las fatigas y de conocer la naturaleza de
                los terrenos, la altitud de las montañas, la entrada de les valles, la situación
   40   41   42   43   44   45   46   47   48   49   50