Page 48 - El Príncipe
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                Capítulo


                De aquellas cosas por las cuales los hombres y

                especialmente los príncipes, son alabados o

                censurados



                Queda ahora por analizar cómo debe comportarse un príncipe en el trato
                con súbditos y amigos. Y porque sé que muchos han escrito sobre el tema,
                me pregunto, al escribir ahora yo, si no seré tachado de presuntuoso, sobre

                todo al comprobar que en esta materia me aparto de sus  opiniones. Pero
                siendo mi propósito escribir cosa útil para quien la entiende, me ha parecido
                más conveniente ir tras la verdad efectiva de la cosa que tras su apariencia.
                Porque muchos se han imaginado como existentes de veras a repúblicas y
                principados  que  nunca  han  sido  vistos  ni  conocidos;  porque  hay  tanta
                diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que aquel que deja lo

                que  se  hace  por  lo  que  debería  hacerse  marcha  a  su  ruina  en  vez  de
                beneficiarse., pues un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de
                bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son. Por lo cual es
                necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno,
                y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad.
                   Dejando,  pues,  a  un  lado  las  fantasías,  y  preocupándonos  sólo  de  las
                cosas reales, digo que todos los hombres, cuando se habla de ellos, y en

                particular los príncipes, por ocupar posiciones más elevadas, son juzgados
                por algunas de estas cualidades que les valen o censura o elogio. Uno es
                llamado  pródigo,  otro  tacaño  (y  empleo  un  término  toscano,  porque
                “avaro”,  en  nuestra  lengua,  es  también  el  que  tiende  a  enriquecerse  por
                medio  de  la  rapiña,  mientras  que  llamamos  “tacaño”  al  que  se  abstiene
                demasiado de gastar lo suyo); uno es considerado dadivoso, otro rapaz; uno

                cruel,  otro  clemente;  uno  traidor,  otro  leal;  uno  afeminado  y  pusilánime,
                otro  decidido  y  animoso;  uno  humano,  otro  soberbio;  uno  lascivo,  otro
                casto;  uno  sincero,  otro  astuto;  uno  duro,  otro  débil;  uno  grave,  otro.
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