Page 61 - Alonso, un conquistador de diez años
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Tuve que tenderme en el suelo por el intenso fuertemente. Así estuvimos hasta que amainó la
mareo. Un marinero con una espesa barba blan tormenta al amanecer.
ca, algo mayor que los demás, me dijo: Al día siguiente, el barco presentaba un aspec
-Hijo, son gajes del hombre de mar. ¡Ni los to desolador. La tripulación tuvo que trabajar in
más veteranos nos salvamos de esta espantosa tensamente para poner todo en orden. Nosotros
sensación! Los mareos nos acompañan en todas debimos limpiar la cubierta y la bodega. Fue un
las travesías, de principio a fin. arduo trabajo, pues lo que me había ocurrido a
A pesar de mi malestar, en cuanto pude po mí y a mi pobre estómago, le había sucedido a la
nerme en pie intenté ir en busca de Covadonga. mayoría de los tripulantes y pasajeros. El olor era
Aunque el trecho era corto, el camino hacia ella nauseabundo en todos los rincones de la nave.
me pareció eterno. Se me hacía muy difícil no Hicimos incontables viajes a la cubierta en bus
caerme. Tenía que sujetarme de cualquier cosa ca de agua para limpiar y limpiar. ¡Parecía que
que encontraba a mi paso para no ser aplasta nunca terminaríamos!
do por los barriles que rodaban sin control por El trabajo se nos hizo aún más pesado por la
el suelo. presencia del Villano, que nos vigilaba continua
-¡Covadonga! ¿Te encuentras bien? -le mente y con su voz dura y odiosa no cesaba de
pregunté al encontrarla. darnos órdenes:
-¡Sí! -me dijo valientemente, aunque su -¡Holgazanes, limpien esa esquina!
rostro descolorido reflejaba lo contrario-. -¡Suban a buscar agua, perezosos!
¿Y tú? -¡Amarren esos barriles!
-¿Yo? ¡Muy bien! -¡Frieguen el piso!
En ese momento, un brusco movimiento del -¡Rápido! ¡Suban y ayuden a atar las velas ... !
barco me hizo caer encima de ella. ¡Qyé ver Al cabo de algunos días a ese agotador ritmo,
güenza! ¡De estar blanco como un muerto, pasé a estábamos exhaustos. Pelayo se acercó a mí, y con
estar rojo como una betarraga! ojos llorosos y apagada voz, me dijo:
Nos sentamos y nos tomamos de la mano -¡Mira mis manos y mis rodillas, las tengo
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