Page 62 - Alonso, un conquistador de diez años
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en carne viva! Al principio el pantalón me pro
tegía las piernas, pero ahora lo tengo roto y me DÍAS DIFÍCILES
clavo las astillas cuando limpio.
-¡Yo tampoco soporto el dolor en los codos y
en las manos! -le contesté, sin poder consolarlo.
Después de permanecer un tiempo en silen
cio, lo miré de reojo. A pesar de la vergüenza que
sentí, no pude más y me puse a llorar. Al levantar LAS SEMANAS PASABAN y los días eran todos
la vista, vi que a él también le corrían las lágri iguales. La monotonía agriaba los caracteres y
mas por su cara pecosa. cada vez eran más frecuentes las riñas entre los
En ese momento de desaliento, se nos acercó la marineros. En un principio, los juegos de cartas
madre de Covadonga y con voz amable nos dijo: y dados fueron una gran diversión que ayudaba
-He visto cómo han tenido que trabajar. a que las horas pasaran, pero ahora eran razón de
Muéstrenme esas manos. terribles disputas. Incluso se apostaba el escaso
Nos las tomó con suavidad y al ver nuestras alimento que correspondía a cada uno. De hecho,
heridas, prosiguió: la ración de comida diaria para cada tripulante
-Vengan conmigo. Yo los curaré y se senti consistía en unas pocas galletas y un trozo de
rán mejor. carne o de pescado. Algunos días, Julián, el coci
La seguimos cabizbajos y, mientras nos curaba nero, preparaba legumbres cocidas en la estrecha
cuidadosamente para no lastimarnos, recordé a cocina del barco. Esta solía llenarse de humo, ya
mi madre y añoré su presencia. ¡Por primera vez que no tenía ventanas.
pensé que quizás no había sido tan buena idea Pelayo y yo no participábamos en los juegos
iniciar esta osada aventura! de los marineros. Nuestra diversión favorita era
la caza de ratones, los pasajeros más numerosos.
Solíamos apostar quién conseguía más colas.
Un día, se acercó a mí con una cara especial.
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