Page 44 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 44

hizo recordar el desagradable remojón del día de              sos sectores. Entonces nos dijeron que los lugares
           nuestro arribo a Sevilla.                                     que quedaban vacíos serían nuestro alojamiento
              Varios  hombres  subían, afanados, barriles  y              y el de los pasajeros. Cuando vi dónde íbamos a

           baúles con las provisiones para el viaje. Apenas              dormir, me invadió una fuerte sensación de opre­
           embarcamos, un individuo con una espesa barba                 sión, pero Pelayo me explicó que también podría­
           grisácea nos gritó:                                           mos hacerlo sobre cubierta, cuando el tiempo lo
              -Son  ustedes  los  nuevos  grumetes,  ¿no  es             permitiera. Me sentí algo aliviado.
           así?  ¡Aquí nadie está ocioso! Ayuden a aquellos                 Durante todo ese día trabajamos tal como nos
           marineros a subir la carga.                                    lo  había  advertido  el  capitán  al  contratarnos:
              Nos apresuramos a dejar nuestras escasas per­               como nunca antes lo habíamos hecho. Cargamos
           tenencias en un rincón de la cubierta y bajamos al             no solo barriles, sino  arcones, baúles, jaulas de
           muelle para coger uno de los barriles de madera.               madera con gallinas, cerdos y ovejas. Lo más va­
              -¡Pesan mucho!  ¿Qyé llevamos?  ¿Piedras?                   lioso -según nos contaron- eran dos caballos·

           -preguntó Pelayo a un marinero.                                y una vaca, el tesoro más preciado de las familias
              -No, es agua.                                               de colonos que iban a América.
              -¿Agua? -pregunté extrañado-. Pero si no                      Poco a poco fui familiarizándome con la nave
           vamos a ver más que agua durante tantos días ...               que sería mi hogar durante muchas semanas. No
              -Sí, muchacho -contestó el hombre de la                     era muy grande, y los espacios libres eran escasos.
           barba gris-, pero esta es agua dulce, para beber,              Me llamó la atención un tablón con dos agujeros,
           ¿comprendes?  Ten  por  seguro  que  durante la                que sobresalía por la borda. Pelayo me contó que
           travesía vas a desear haber llevado muchos más                 los marineros los llamaban "jardines", y que eran

           barriles.                                                      los excusados de la embarcación. Solo pensar que
              Subimos uno  y lo dejamos en la bodega del                  tendría que usarlos me hizo sentir una vergüen­
           barco. Era un lugar oscuro y húmedo, que ocupa­                za terrible.
           ba todo el ancho y largo de la parte inferior del                 El capitán tenía previsto zarpar al día siguien­
           navío. La carga estaba siendo repartida por diver-             te,  de  amanecida,  para  aprovechar  los  buenos


           44                                                                                                              45
   39   40   41   42   43   44   45   46   47   48   49