Page 89 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 89

cocodrilo nos dejó a todos silenciosos.   las numerosas picaduras de insectos que cubrían
 Al anochecer, llegamos a un pequeño poblado   toda mi piel, sino  también  de  soledad. A cada
 indígena, donde pasaríamos la noche. No pude   rato me asaltaba una aplastante incertidumbre:
 dormir pensando qué sería de mi amigo Pelayo.   ¿�é haría si no encontraba a mi padre?
 ¿Habría zarpado ya? Estaba seguro de que esta­
 ría mejor que yo. Los molestos mosquitos zum­
 baban a mi alrededor y tenían mi piel como un
 cedazo, llena de picaduras.
 La noche, iluminada por  la luna llena, per­
 mitía divisar  movedizas  y  extrañas  siluetas en
 la oscuridad. A pesar del calor, me envolví en mi
 manta para no ver ese espectáculo que me asusta­

 ba. En medio de la noche desperté empapado de
 sudor y con el corazón desbocado.
 Al día siguiente estaba muy cansado. Apenas
 había  dormido  y  una  sensación  de  pesimismo
 me embargaba. Pensaba si habría valido la pena
 emprender tan arriesgado viaje.
 Después de algunos días, llegamos al poblado
 de Cruces, donde dejamos las canoas para conti­

 nuar a pie. Unos pocos privilegiados iban en mu­
 las. Comenzamos a subir un empinado sendero,
 rodeado de precipicios y selva.
 Caminamos durante varias jornadas, y yo solo
 pensaba en  descansar.  En  ocasiones,  me  sentía
 enfermo no solo por el insoportable calor y por


 88                                                      89
   84   85   86   87   88   89   90   91   92   93   94