Page 93 - Alonso, un conquistador de diez años
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tré unos botes que acarreaban las últimas cajas Sus ojos eran intensamente negros y tenía el
al barco. Supliqué a uno de los marineros que me rostro curtido por el sol. El cabello, antaño more
permitiera embarcar. En un primer momento, él no, lucía ahora numerosas hebras blancas.
se negó. Era mi padre. Por su expresión me di cuenta
-¡Por favor, señor, lléveme! -le dije, sin po de que me había reconocido, pero que no po
der contener las lágrimas. día creer lo.
-¡No! No queremos polizones a bordo. -No, no puede ser... es igual a mi pequeño
-Le pagaré -supliqué sin recordar que Alonso -dijo-. ¡Debo estar soñando!
solo tenía la moneda que me había dado el capi Nos miramos. Sin esperar ni un instante más
tán Álvarez. corrí hacia él.
-Pero, ¿por qué tanta insistencia? -¡Padre! -exclamé sollozando-. ¡Por fin te
-Me han dicho que mi padre, Francisco Al- encuentro!
mendralejo, se encuentra a bordo ... -No puedo creer que seas tú. Si eras un niño ...
-¡Haberlo dicho antes, muchacho! -excla Permanecimos abrazados durante largo rato,
mó,con voz más amable-. Ven. ¡Sube! mientras el sol se escondía tras un rojizo horizonte.
Al llegar al barco, nos encaramamos por las Después de la primera emoción, nos apar
cuerdas. Yo temblaba de emoción. Mis piernas no tamos uno del otro, y él mirándome fijamente,
respondían, por lo que resbalé varias veces. Me preguntó:
pareció que nunca alcanzaría la borda. -Hijo, ¿qué haces aquí? Y tu madre, ¿ha ve
Cuando por fin llegué a la cubierta del barco, nido también?
el marino que me había llevado, gritó: -He venido a buscarte. Ella está en Torremo
-¡Eh, don Francisco, mire quién está aquí! cha y te extraña mucho.
Un hombre que se encontraba cerca del timón, - A buscarme?
¿
se dio vuelta ante el llamado y me miró sorpren -Sí -le dije anhelante-. Debemos volver a
dido. Algo en él me resultó familiar. casa para estar todos juntos nuevamente.
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