Page 88 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 88

cocodrilo nos dejó a todos silenciosos.                       las numerosas picaduras de insectos que cubrían
               Al anochecer, llegamos a un pequeño poblado                toda mi piel, sino  también  de  soledad. A cada
            indígena, donde pasaríamos la noche. No pude                  rato me asaltaba una aplastante incertidumbre:
            dormir pensando qué sería de mi amigo Pelayo.                  ¿�é haría si no encontraba a mi padre?
            ¿Habría zarpado ya? Estaba seguro de que esta­
            ría mejor que yo. Los molestos mosquitos zum­
            baban a mi alrededor y tenían mi piel como un
            cedazo, llena de picaduras.
               La noche, iluminada por  la luna llena, per­
            mitía divisar  movedizas  y  extrañas  siluetas en
            la oscuridad. A pesar del calor, me envolví en mi
            manta para no ver ese espectáculo que me asusta­

            ba. En medio de la noche desperté empapado de
            sudor y con el corazón desbocado.
               Al día siguiente estaba muy cansado. Apenas
            había  dormido  y  una  sensación  de  pesimismo
            me embargaba. Pensaba si habría valido la pena
            emprender tan arriesgado viaje.
               Después de algunos días, llegamos al poblado
            de Cruces, donde dejamos las canoas para conti­

            nuar a pie. Unos pocos privilegiados iban en mu­
            las. Comenzamos a subir un empinado sendero,
            rodeado de precipicios y selva.
               Caminamos durante varias jornadas, y yo solo
            pensaba en  descansar.  En  ocasiones,  me  sentía
            enfermo no solo por el insoportable calor y por


            88                                                                                                              89
   83   84   85   86   87   88   89   90   91   92   93