Page 84 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 84

12
                                                                           RUMBO A PANAMÁ











                                                                          A  LOS  Pocos  DÍAS, mi viaje estaba organizado.
                                                                          Iría con una caravana hacia el oeste.
                                                                             El día de la partida, al amanecer, mi amigo Pe­
                                                                          l ayo  me acompañó hasta la plaza, de donde sal­
                                                                          dría la caravana. Intentábamos ser valientes y no
                                                                          mostrar la inmensa tristeza que nos embargaba.

                                                                             -¡Adiós, Alonso!  -me dijo Pelayo, con voz
                                                                          entrecortada-. Espero que muy pronto encuen­
                                                                          tres a tu padre.
                                                                             -Claro que lo voy a encontrar -afirmé, tra­
                                                                          tando  de  mostrarme  optimista. Cambiando  de
                                                                          tema, continué-: Estoy seguro de  ue tú logra­
                                                                                                               9
                                                                          rás ser un capitán tan bueno como Alvarez.
                                                                             -Tendré  que  trabajar  mucho  para  lograr­
                                                                          lo. Por ahora, al menos tengo un  buen trabajo.
                                                                          -Evitando mirarme directamente, continuó-:

                                                                          Prométeme que no te olvidarás de mí.
                                                                             -Te lo prometo, amigo -le contesté.
                                                                             Nos abrazamos fuertemente, sin poder evitar


                                                                                                                           85
   79   80   81   82   83   84   85   86   87   88   89