Page 77 - Alonso, un conquistador de diez años
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Una confusa mezcla de sentimientos me do entre frondosos árboles de distintos tonos verdes.
minó: alegría por haber llegado, cierto temor por Nunca había pensado que pudieran existir tan
el futuro que se me presentaba lleno de desafíos tos. Todo me parecía brillante y lleno de color.
y nuevas aventuras, tristeza por el recuerdo de El cielo era intensamente azul, algunas nubes
mi madre en la puerta de mi casa ... ¡Todo un con increíblemente blancas ... Los árboles que más
tinente se abría ante mis ojos! nos llamaron la atención fueron los cocoteros.
Y en algún lugar de esas misteriosas tierras Nos contaron que producían un fruto delicioso
se hallaba mi padre. ¿Nos encontraríamos al y muy fresco.
gún día? Durante varios días, ayudados por los indios,
Nuestra primera recalada fue en San Martín, nos dedicamos a cazar y recolectar muchas frutas
una pequeña isla rodeada de un mar absoluta y raíces que esas tierras nos ofrecían generosas.
mente cristalino. Estaba habitada por amiga Una vez bien provistos de víveres y agua, leva
bles indios que me llamaron profundamente la mos ancla. El barco puso rumbo en dirección a
atención. Su piel era más oscura que la nuestra. San Lorenzo, destino final de nuestro viaje.
Los indígenas se diferenciaban de los españoles
en muchos aspectos. Por ejemplo, apenas tenían
pelos en el cuerpo y, en cambio, sobre sus cabezas
lucían un brillante y lacio cabello negro. Sola
mente vestían un taparrabo, y se adornaban con
plumas de intensos colores.
Al vernos descender del barco, se acercaron
tímidamente. Después de observarnos y hablar
entre ellos en su lengua, totalmente extraña para
nosotros, nos sonrieron. A través de gestos, nos
hicieron entender que éramos bienvenidos, y
nos condujeron hacia su aldea, por un sendero
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