Page 82 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 82

A los pocos minutos, la emoción se transfor­                miento,  pero  no  puedo  aceptar  -le  contes­
           mó  en  duda. ¿Cómo  llegar  a  Panamá?  Ya  un                té apesadumbrado.
           poco más sereno, pensé que la persona que me                      -¿Por  qué  no,  Alonso?  -me  pregun-
           podría ayudar era el capitán Álvarez.                          tó sorprendido.
              Una vez en La Esperanza, corrimos al cama­                     -Yo vine a las  Indias a  buscar a mi padre.
           rote del capitán. Lo encontramos sentado en su                 Hace un rato supe que está en Panamá. Lo único
           mesa de trabajo, revisando unos documentos. Al                 que quiero es encontrarme con él. -Y mirándo­
           vernos, sonrió y dijo:                                         lo  fijamente  le  pregunté-:  ¿Sabe  cómo puedo
              -Con ustedes quería hablar ... -e indicando                 llegar hasta esa ciudad?
           que nos sentáramos, prosiguió-: En este viaje se                  -Hijo, no sabes cuánto me hubiera gustado
           han comportado como verdaderos marineros.                       contar contigo, pero tu padre está primero y me
              Nos  miramos  orgullosos,  mientras  el  capi­               alegra mucho que tan rápidamente hayas tenido
           tán proseguía:                                                  noticias de él. Este Nuevo Mundo es inmenso y

              -Me gustaría que, a partir de ahora, forma­                  creo que es un verdadero milagro que ya sepas
           ran  parte  estable  de  mi  tripulación.  Con  una             dónde se encuentra. Debes partir de inmediato
           paga, por supuesto.                                             para que te reúnas con él lo antes posible. Voy a
              Pel o,  fascinado,  contestó  inmediatamen­                  averiguar cómo puedes llegar a Panamá sin co­
                 ay
           te que sí. Yo,  en  cambio, permanecí  silencioso.              rrer ningún peligro -contestó el capitán. Y di­
           ¡Cómo me habría gustado ser miembro de la tri­                  rigiéndose a Pelayo, le dijo-: En cuanto a ti, ¡qué
           pulación del capitán!  Pero ... ¡estaba tan cerca de            bueno que te quedes conmigo l  Estoy seguro de
           encontrar a mi padre! Y él era el único objetivo                que serás un perfecto hombre de mar.

           de mi viaje. Después de todas las penurias que                     Una vez fuera del camarote, Pelayo y yo nos mi­
           había pasado para lograrlo, no podía abandonar                  ramos  desconcertados. Solo  entonces  nos  dimos
           ahora mi propósito.                                             cuenta de que nuestros caminos se separarían.
              -Capitán,  muchas  gracias  por  su  ofreci-




           82                                                                                                               83
   77   78   79   80   81   82   83   84   85   86   87