Page 70 - Alonso, un conquistador de diez años
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-Tranquilízate, ese par de tontuelos no vie­                  En ese momento, Pelayo, que estaba apoyado
            ron nada ni saben nada. De lo contrario, ya ha­                en un barril, resbaló, provocando un ruido que,
            brían hablado. Ahora solo tenemos que aguardar                 aunque fue casi imperceptible, nos obligó a apar­
            el momento oportuno para actuar. Seguro que el                 tarnos rápida y sigilosamente de aquel lugar, sin

            capitán tiene los planos de la fortaleza de Por­               poder escuchar  la  respuesta. Para evitar sospe­
            tobelo en su camarote.                                         chas, yo dejé escapar las ratas que había cazado.
               Al oír esto, Pelayo y yo nos miramos. ¡Por fin                 -¿�é es  ese  ruido?  -oímos  preguntar a
            descubríamos la razón de la riña nocturna en Se­               Alejo con voz agitada.
            villa! Nos dimos cuenta de que estos malvados                     -¡Son  solo  esas  estúpidas  ratas!  ¡Malditas
            habían luchado  con  los  verdaderos  marineros,               criaturas! -contestó el Villano.
            para ocupar sus puestos en La Esperanza. ¿Los                     Con el corazón acelerado y muy nerviosos, de­
           habrían matado? Sus planes también quedaban                     cidimos ir enseguida a informar al capitán de lo
           al descubierto: asaltarían la fortaleza en Portobe­             que habíamos oído. A pesar de que pensábamos
           lo, y se apoderarían del oro y la plata que allí se             que no creería nuestra historia, este nos escuchó
           guardaban.                                                      atentamente y comentó con seriedad:
              El Villano dijo entonces:                                       -¡Ya me imaginaba que este par de bandidos

              -Este tiempo  de calma es el indicado. -Y                    algo  malo  estaba  tramando!  ¿Cómo  no  me  di
           bajando aún más la voz prosiguió-: El capitán                   cuenta antes de qué era lo que buscaban?  Pero
           está  demasiado preocupado por el  hambre  rei­                 no se preocupen;  déjenlo todo en mis manos y
           nante y los ánimos alterados. ¡No se dará cuenta                no se acerquen más a ellos, ni traten de averiguar
           de la desaparición de sus preciosos planos! ¡Creo               en qué está ese par de facinerosos. Son demasia­
           que esta noche será el momento!                                 do peligrosos y no deben exponerse a que ellos
              Alejo, con su voz insoportablemente aguda, le                sospechen de ustedes. -Con voz lenta y muy se­
           preguntó:                                                       riamente, continuó-: Esos hombres son capaces
              -¿ Y dónde los esconderemos?                                 de todo. Deben prometerme que no le contarán a




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