Page 65 - Alonso, un conquistador de diez años
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-Pelayo, ¿cuántos cazaste hoy? -le pregun­  Días después, la  ración de  alimento comen­
 té curioso.   zó a  disminuir. Al  revisar los barriles de agua,
 -¡Tengo diez -contestó triunfante-, pero   se comprobó que muchos ya olían mal; el agua
 uno de ellos te asombrará!  -dijo feliz, mien­  comenzaba a podrirse. Algunas galletas estaban
 tras sacaba un repugnante animal del interior de   agusanadas y se deshacían al tomarlas. La carne y
 su camisa.   el pescado, guardados después de haber sido seca­
 -¡Oh, es increíble! -exclamé atónito al ver   dos con sal, escaseaban. La pesca se hacía insufi­
 el tamaño del roedor.   ciente. La fruta, los huevos y la carne fresca eran
 En  verdad  el  ratón  era  enorme. Su  cola  era   solo un recuerdo. Los animales que llevábamos
 casi tan grande como mi antebrazo y su cuerpo   a bordo tuvieron que ser sacrificados por la falta
 peludo especialmente  repulsivo.  Tenía  los  ojos   de alimento y agua.

 abiertos, a pesar de estar casi muerto. Decidimos   Ante la amenaza del hambre, los tripulantes
 arrojarlo al mar. El animal estuvo un buen rato   comenzaron a ponerse nerviosos e irritables. El
 intentando nadar y chillando desesperado hasta   peor era el Villano.
 que se hundió en las aguas.   Una mañana, mi amigo me preguntó:
 -¡�é lástima, podríamos haberlo conserva­  -¿No sientes algo raro?
 do como mascota!  -dije triste a Pelayo, mien­  -Sí -contesté  burlón-, tus tripas suenan
 tras lo veía desaparecer.   mucho  ...
 -A mí también me habría gustado. ¿Cómo  -Al ruido de mis tripas me estoy  acostum­

 no lo pensamos antes? -me contestó.   brando, pero no es eso lo que te digo. ¿No te has
 Pero ambos sabíamos que los ratones a bordo   dado cuenta de que el barco no se mueve?
 eran nuestros enemigos. Contagiaban enferme­  -Tienes razón. ¿�é ocurrirá?
 dades  y se comían nuestras provisiones. Llega­  Decidimos averiguarlo.
 ban incluso  a  devorar las velas de  repuesto, la   Subimos a cubierta. En el cielo intensamente
 madera de los barriles y todo lo que encontraban   azul y brillante, no se divisaba una sola nube. El
 a su paso.   mar estaba tan tranquilo, se veía tan plano, que


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