Page 68 - Alonso, un conquistador de diez años
P. 68

hombres, permitió aumentar la ración de vino,                  9
              lo único que por entonces abundaba y que era                 UNA CONVERSACIÓN SINIESTRA
              capaz de calmar los ánimos.
                En esos días, lo que antes para nosotros había

             sido una diversión, se transformó en una obliga­
             ción que nos hizo famosos. En efecto, ante la es­
             casez de provisiones, los ratones se convirtieron
             en un platillo muy cotizado, ya que pese a ser tan            LA CALMA CONTINUABA.
             repugnantes  vivos, cocinados lograban  mitigar                  Una mañana en que nuestra cacería nos con­
             la insoportable hambre. ¡ Y claro, para la caza de            dujo a un oscuro rincón de la bodega, oímos un
             ratones, éramos los mejores, dada nuestra amplia              murmullo de voces. ¿Qyién podía ser? Por lo ge­
             experiencia!                                                  neral, nadie se acercaba a aquel lugar a causa de

                                                                           la  humedad y la  consiguiente  pestilencia. Con
                                                                           un gesto, le indiqué a mi amigo que nos aproxi­
                                                                           máramos en silencio. Con pánico, reconocimos
                                                                           la voz familiar y aterradora del Villano. Hablaba
                                                                           con alguien a quien no podíamos ver.
                                                                              -Ya estamos llegando al final. Este es el mo­
                                                                           mento de cumplir nuestros planes. Hasta aquí,
                                                                           vamos bien. Después de todo, no fue nada difícil

                                                                           deshacernos de esos hombres y ocupar sus pues­
                                                                           tos. Nadie sospecha nada. Solo esos chicos ...
                                                                              Una voz, que inmediatamente reconocí como
                                                                           la de Alejo, un desagradable  marinero que  du­
                                                                           rante todo el viaje había estado evitando el tra­
                                                                           bajo, lo interrumpió:

           68
                                                                                                                            69
   63   64   65   66   67   68   69   70   71   72   73