Page 64 - Alonso, un conquistador de diez años
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-Pelayo, ¿cuántos cazaste hoy? -le pregun­                    Días después, la  ración de  alimento comen­
            té curioso.                                                   zó a  disminuir. Al  revisar los barriles de agua,
               -¡Tengo diez -contestó triunfante-, pero                   se comprobó que muchos ya olían mal; el agua
            uno de ellos te asombrará!  -dijo feliz, mien­                comenzaba a podrirse. Algunas galletas estaban
            tras sacaba un repugnante animal del interior de              agusanadas y se deshacían al tomarlas. La carne y
            su camisa.                                                    el pescado, guardados después de haber sido seca­
               -¡Oh, es increíble! -exclamé atónito al ver                dos con sal, escaseaban. La pesca se hacía insufi­
            el tamaño del roedor.                                         ciente. La fruta, los huevos y la carne fresca eran
               En  verdad  el  ratón  era  enorme. Su  cola  era          solo un recuerdo. Los animales que llevábamos
            casi tan grande como mi antebrazo y su cuerpo                 a bordo tuvieron que ser sacrificados por la falta
            peludo especialmente  repulsivo.  Tenía  los  ojos            de alimento y agua.

            abiertos, a pesar de estar casi muerto. Decidimos                Ante la amenaza del hambre, los tripulantes
            arrojarlo al mar. El animal estuvo un buen rato               comenzaron a ponerse nerviosos e irritables. El
            intentando nadar y chillando desesperado hasta                peor era el Villano.
            que se hundió en las aguas.                                      Una mañana, mi amigo me preguntó:
               -¡�é lástima, podríamos haberlo conserva­                     -¿No sientes algo raro?
            do como mascota!  -dije triste a Pelayo, mien­                   -Sí -contesté  burlón-, tus tripas suenan
            tras lo veía desaparecer.                                     mucho  ...
               -A mí también me habría gustado. ¿Cómo                       -Al ruido de mis tripas me estoy  acostum­

            no lo pensamos antes? -me contestó.                           brando, pero no es eso lo que te digo. ¿No te has
              Pero ambos sabíamos que los ratones a bordo                 dado cuenta de que el barco no se mueve?
            eran nuestros enemigos. Contagiaban enferme­                    -Tienes razón. ¿�é ocurrirá?
            dades  y se comían nuestras provisiones. Llega­                 Decidimos averiguarlo.
            ban incluso  a  devorar las velas de  repuesto, la              Subimos a cubierta. En el cielo intensamente
            madera de los barriles y todo lo que encontraban              azul y brillante, no se divisaba una sola nube. El
            a su paso.                                                    mar estaba tan tranquilo, se veía tan plano, que


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