Page 31 - Alonso, un conquistador de diez años
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Un perro dormía a la sombra de un árbol, pero   Como  en  un  murmullo,  la  madre  de  Pela­
 cuando nos dirigíamos hacia el pozo, el perro se   yo dijo:
 levantó, corrió al encuentro de Pelayo y comen­  -¡Vaya, vaya! ¡�é coincidencia! A América.
 zó  a saltar  y ladrar  a su alrededor. Aunque no   -Y  prosiguió en  voz alta-: Pero deben tener
 se acercó  demasiado  ... Creo que también se dio   hambre. Además hace bastante frío. Les calenta­
 cuenta de lo inmundo que estaba su amo.   ré un rico puchero.
 Nos lavamos prolijamente. Mientras tanto, la   Nos  sentamos  ante  la  mesa  de  madera. En
 madre de Pel o, que se llamaba Elvira, nos lle­  unos grandes cuencos de barro nos sirvió un cal­
 ay
 vó ropa limpia. Cuando por fin estuvimos pre­  do bien caliente, junto a un buen pedazo de pan.
 sen  tables, la mujer abrazó fuertemente a su hijo   Mientras comíamos, doña Elvira le dijo a su hijo:
 y comenzó a hablarle de mil cosas que habían   -No vas a creer la noticia que te tenemos.
 ocurrido durante su ausencia, de personas que yo   -¿�é noticia? -preguntó Pelayo, curioso.

 no conocía, de su padre y, también, a preguntarle   -Espera a que llegue tu padre.
 una y otra vez sobre su viaje, y sobre el trabajo,   -No, por favor, madre. Dime de qué se trata.
 que si estaba muy cansado, que si había sentido   -No. Ya te dije que debes esperar. Es una no-
 frío  ... Por  fin se  volvió  hacia  mí,  que  mientras   ticia muy importante, y tu padre te la quiere dar
 tanto estaba mudo, y dijo:   él mismo.
 -¡Santo Dios!  Con tanta alegría, has olvida­  No obstante la insistencia de Pelayo, su madre
 do presentarme a tu amigo  y yo tampoco te he   no cedió. Con aires de misterio, le dijo que debía
 preguntado nada. -Y dirigiéndose a mí, agre­  esperar.

 gó-: Acércate, hijo.   Terminábamos de comer cuando un hombre
 -¡Ah  ... perdón!  Él es Alonso, mamá. Es  de   no muy alto, pero de complexión robusta, entró
 Torremocha, de Extremadura.  os conocimos en   en la sala. Su rostro curtido reflejaba una vida de
 Mérida y desde allí hemos continuado juntos. Él   trabajo al aire libre. Al  verlo, Pelayo saltó de la
 quiere ir a América a buscar a su padre.   banca con gran agilidad, y corriendo hacia él lo




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