Page 30 - Alonso, un conquistador de diez años
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Un perro dormía a la sombra de un árbol, pero                    Como  en  un  murmullo,  la  madre  de  Pela­
             cuando nos dirigíamos hacia el pozo, el perro se              yo dijo:
             levantó, corrió al encuentro de Pelayo y comen­                  -¡Vaya, vaya! ¡�é coincidencia! A América.
             zó  a saltar  y ladrar  a su alrededor. Aunque no             -Y  prosiguió en  voz alta-: Pero deben tener
             se acercó  demasiado  ... Creo que también se dio             hambre. Además hace bastante frío. Les calenta­
             cuenta de lo inmundo que estaba su amo.                       ré un rico puchero.
                Nos lavamos prolijamente. Mientras tanto, la                  Nos  sentamos  ante  la  mesa  de  madera. En
             madre de Pel o, que se llamaba Elvira, nos lle­               unos grandes cuencos de barro nos sirvió un cal­
                           ay
             vó ropa limpia. Cuando por fin estuvimos pre­                 do bien caliente, junto a un buen pedazo de pan.
             sen  tables, la mujer abrazó fuertemente a su hijo            Mientras comíamos, doña Elvira le dijo a su hijo:
             y comenzó a hablarle de mil cosas que habían                     -No vas a creer la noticia que te tenemos.
             ocurrido durante su ausencia, de personas que yo                 -¿�é noticia? -preguntó Pelayo, curioso.

             no conocía, de su padre y, también, a preguntarle                -Espera a que llegue tu padre.
             una y otra vez sobre su viaje, y sobre el trabajo,               -No, por favor, madre. Dime de qué se trata.
             que si estaba muy cansado, que si había sentido                  -No. Ya te dije que debes esperar. Es una no-
             frío  ... Por  fin se  volvió  hacia  mí,  que  mientras      ticia muy importante, y tu padre te la quiere dar
             tanto estaba mudo, y dijo:                                    él mismo.
                -¡Santo Dios!  Con tanta alegría, has olvida­                 No obstante la insistencia de Pelayo, su madre
             do presentarme a tu amigo  y yo tampoco te he                  no cedió. Con aires de misterio, le dijo que debía
             preguntado nada. -Y dirigiéndose a mí, agre­                   esperar.

             gó-: Acércate, hijo.                                             Terminábamos de comer cuando un hombre
                -¡Ah  ... perdón!  Él es Alonso, mamá. Es  de               no muy alto, pero de complexión robusta, entró
             Torremocha, de Extremadura.  os conocimos en                   en la sala. Su rostro curtido reflejaba una vida de
             Mérida y desde allí hemos continuado juntos. Él                trabajo al aire libre. Al  verlo, Pelayo saltó de la
             quiere ir a América a buscar a su padre.                       banca con gran agilidad, y corriendo hacia él lo




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