Page 16 - Alonso, un conquistador de diez años
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-¡Mire, mire, padre! ¿�é es eso tan enorme                  españoles somos los que  estamos conquistando
              sobre el río?  Nunca en mi vida había visto algo              un nuevo mundo?  Tenemos que llevar nuestras
              tan grande.                                                   buenas costumbres a los hombres que lo habitan.
                 -Es un puente romano, hijo. Y esas son las                 Tenemos que construir y, sobre todo, como ya te
              ruinas de la antigua ciudad de Mérida. Hace va­               dije, tenemos que enseñarles a conocer a Jesús.
              rios siglos, los romanos conquistaron España y                   Llegados a la entrada de la ciudad, don Anas­

              nos trajeron su cultura. Muchas de nuestras cos­              tasio se detuvo y me dijo:
              tumbres las hemos heredado de ellos.                             -Está bien, Alonso, aquí debo dejarte.
                 -¿�é costumbres? -pregunté, curioso.                          Sin decir nada, me bajé del burro y le entregué
                 -El idioma, por ejemplo. Ellos hablaban la-                las riendas. El sacerdote me dio su bendición y
              tín, el mismo que yo uso  cuando  celebro misa.               un último consejo:
              El castellano que tú hablas ahora proviene del                   -Ve a la posada El Toro a ver si encuentras al­
              latín. También nos dejaron muchas construccio­                guna compañía para seguir tu viaje. Allí siempre
              nes, como el acueducto de la ciudad de Segovia.               llega buena gente. Me hubiera gustado ir contigo
                 -Y después los moros conquistaron España,                  y dejarte allí bien recomendado. Pero se me ha
              ¿no  es  cierto?  -Sin  dejarlo  responder,  conti­          hecho demasiado tarde y debo continuar.
              nué-: Pero ya nos libramos de ellos. Los reyes                  Nos despedimos. Mientras se alejaba, tuve re­
              Isabel y Fernando lograron echarlos para siempre.            pentinamente la visión de mi madre junto a la
                 -Así  es,  hijo.  Pero  también  heredamos  de            puerta de nuestro hogar. Me di cuenta de que es­
              ellos muchas cosas buenas, y construcciones muy              taba solo.

              hermosas. Ahora que tú conoced.s Sevilla, verás
              el Alcázar y una torre muy alta que se llama la
              Giralda. Todo eso fue construido  por los moros
              -me dijo el señor cura. Se quedó unos minutos
              en silencio, como pensando y volvió a hablar-:
              ¿Te das cuenta, Alonso, de que ahora nosotros los


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