Page 13 - Alonso, un conquistador de diez años
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-¿De manera que ya has hablado con el se cuanto lo encuentres, le dirás que regrese, que
ñor cura? ¡Ahora lo haré yo! abandone esas tierras desconocidas y vuelva a
Se puso un manto y partió hacia la parroquia. casa. -Bajando el tono de voz y hablando como
�ise acompañarla, pero me detuvo: para sí misma, añadió-: Lo recuerdo a cada ins
-Iré yo sola. Espérame aquí. Limpia el esta tante, su ausencia me llena de congoja ...
blo y cuida el rebaño mientras regreso. Yo comprendía las tribulaciones de mi ma
La vi salir caminando apresurada y permane dre, pero ya tenía su consentimiento y excla
cí inmóvil durante un rato. ¿�é sucedería? Me mé radiante:
puse a trabajar con el mayor empeño. No quería -¡Gracias, madre! Te prometo que lo encon
pensar. No podía siquiera imaginar que mi pro traré y haré que vuelva.
yecto pudiera fracasar. -Ahora, conversemos seriamente. ¿�é has
Cuando por fin regresó, la vi tranquila pero pensado? ¿Cómo iniciarás tu búsqueda?
me impresionaron su silencio y su rostro lleno -¿Recuerdas la carta que nos mandó hace ya
de tristeza. No me dijo nada y no me atreví a tres años? Nos decía que marcharía a unas tie
preguntar. Seguí con mi trabajo, pero a cada rato rras descubiertas por un señor llamado Pizarro.
volvía a acercarme a la casa con la esperanza de Al parecer, en esos lugares hay grandes riquezas.
que mi madre me dijera algo. Pero ella había co Estoy seguro de que no será tan difícil llegar,
menzado a lavar la ropa y ni siquiera me dirigía porque muchos van allá en busca de oro. ¡�izás
la mirada. cuando lo encuentre él ya sea rico!
Solo cuando llegó la hora de la comida y nos Hablamos durante largas horas. Le conté todo
sentamos a la mesa, me miró fijamente y me dijo: lo que conocía sobre ese nuevo mundo misterio
-Partirás mañana con el señor cura. Él cree so, aunque reconozco que era muy poco lo que
que eres capaz de ir solo en busca de tu padre ... había logrado averiguar. Sin embargo, yo estaba
Se quedó en silencio y yo no me atreví a decir seguro de encontrar a mi padre y logré contagiar
ni una sola palabra. algo de mi optimismo a mi madre.
-Tienes que prometerme -siguió- que en Al día siguiente, al despuntar el alba, emprendí
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