Page 10 - Alonso, un conquistador de diez años
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Durante  esa larga  ausencia, muchas  veces pre­               espantada-. ¡Te has vuelto loco!
            gunté a mi madre:                                                 -Pero, madre, déjame explicarte ...
               -¿Por qué tuvo que partir? ¿Por qué nos dejó?                  -¡Ni una palabra más!  Ya es demasiado para
               Ella, con paciencia, me explicaba una y otra                mí vivir sin noticias de tu padre, sin saber nada
            vez que mi padre había viajado al Nuevo Mundo                  de él... ¡y ahora tú! ... ¡Jamás lo permitiría!
            en busca de mejor suerte.                                         Esperé  que se tranquilizara y  volví a hablar.
               -Alonso -me decía-, tu padre se fue por­                    Poco a poco logré que  me escuchara, pero todo
            que la vida aquí, en Torremocha, es muy dura.                  era inútil. No podía convencerla.
            Con inviernos tan fríos y veranos tan calurosos                   -Alonso, tú tienes solo diez años -decía una
            no podemos tener buenas cosechas, y todos dicen                y otra vez-. No puedes emprender un viaje tan
            que en las Indias no es difícil hacerse rico. Son              largo y peligroso. �izás cuando seas algo mayor ...
            muchos los de aquí, de los pueblos de Extrema­                    -¡Pero,  madre,  yo  ya  soy  capaz!  ¿Cuántas
            dura, que han partido a probar fortuna.                        noches he pasado solo, cuidando las cabras en el
               Yo  estaba resuelto desde hacía mucho tiem­                 campo?  ¿Recuerdas todas las veces que he ido a
            po. Había decidido que cuando cumpliera diez                   Montanchez, llevando recados del señor cura?
            años, me marcharía a buscarlo. El momento ha­                     -Sí, hijo, pero ... -intervino mi madre.
            bía llegado. Solo me faltaba convencer a mi ma­                   -¡Y esa vez que salvé a Paco cuando cayó al

            dre, a quien no había dicho ni una palabra sobre               pozo de la plaza! -continué seguro de la validez
            mis proyectos.                                                 de mis argumentos.
               Ese día me senté junto al fogón, mientras ella,                Conversamos  muchas  horas  y  cuando  todo
            como todas las mañanas, preparaba el desayuno.                 parecía perdido le dije:
            Entonces me atreví a hablarle de mis planes.                      -Además, he hablado con el señor cura, y me
               -Madre -le dije-, desde que mi padre se                     ha dicho que si tú lo permites, mañana  puedo
            fue, lo único que he deseado es ir a encontrarme               viajar con él hasta Mérida. Allí me indicará dón­
            con él.                                                        de buscar a alguien con quien pueda seguir hasta
               -¡Alonso!       -interrumpió,      mirándome                Sevilla para embarcarme hacia las Indias.



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