Page 20 - El médico a palos
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MOLIÈRE                                                             EL MÉDICO A PALOS
              para  encontrar  lo  que  buscáis;  tenemos  un  hombre,  el más   conforme con su capacidad; y os aviso que no lograréis dominarlo,
              maravilloso del mundo, para las enfermedades desesperadas.  que no dirá nunca que es médico, si se le antoja, como no cojáis
                                                      cada uno un palo y le obliguéis, a fuerza de golpes, a confesaros,
              VALERIO:                                finalmente, lo que os ocultará al principio. Así obramos nosotros
              -Y  dónde  podemos  verlo,  por  favor?  cuando tenemos necesidad de él.
              MARTINA:                                VALERIO:
              -Lo  encontraréis  ahora  hacia  ese  lugarcillo  de  allá,   -¡Vaya una extraña locura!
              entretenido  en  cortar  leña.
                                                      MARTINA:
              LUCAS:                                  -Es cierto; mas, después de eso, ya veréis cómo hace maravillas.
              -¡Un  médico  cortando  leña!
                                                      VALERIO:
              VALERIO:                                -¿Y cómo se llama?
              -¿Queréis  decir  que  se  entretiene  en  coger  plantas
              salutíferas?                            MARTINA:
                                                      -Sganarelle. Pero resulta fácil de reconocer. Es un hombre con
                                                      una gran barba negra, que tiene un lunar y lleva un traje, amarillo
              MARTINA:                                y verde.
              -No.  Es  un  hombre  extraordinario  que  se  complace  en
              eso, caprichoso, raro, desigual, y al que no tomaríais nunca por lo   LUCAS:
              que  es.  Va  vestido  de  un  modo  extravagante,  finge  a  veces   -¡Un traje amarillo y verde! ¿Es entonces médico de loros?
              ignorancia, mantiene su ciencia guardada y de nada huye tanto a
              diario como de practicar los maravillosos talentos con que el Cielo   VALERIO:
              le ha dotado para la medicina.          -Mas, ¿es cierto, realmente, que sea tan hábil como decís?
              VALERIO:                                MARTINA:
              -Es  cosa  admirable  que  todos  los  grandes  hombres  tengan   -¡Cómo! Es un hombre que hace milagros. Hace seis meses hubo
              siempre  alguna  ventolera,  algún  granito  de  locura  mezclado   una mujer creída difunta por todos los demás médicos: la daban
              con  su  ciencia.                       por muerta hacía ya seis horas y se disponían a enterrarla, cuando
                                                      trajeron a la fuerza al hombre de que hablamos. La examinó y le
              MARTINA:                                puso una gota de no sé qué en la boca, y en el mismo instante se
              -La  manía  de  éste  es  mayor  de  lo  que  pueden  imaginarse,   levantó ella de la cama y empezó en seguida a pasearse por su
              pues  llega,  a  veces,  hasta  querer  que  le  zurren  para  mostrarse  aposento, como si no sucediera nada.

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