Page 9 - El médico a palos
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MOLIÈRE                       EL MÉDICO A PALOS
 MARTINA:  MARTINA:
 -Ved  al hombre  entendido  con  su  bendito  Aristóteles.  -¿Qué? ¿Qué dirías?

 SGANARELLE:  SGANARELLE:
 -Sí,  un  hombre  entendido.  A  ver  si encuentras  un  leñador   -¡Basta! Dejemos ese capítulo. Es suficiente con que sepamos lo
 que  sepa,  como  yo,  razonar  las  cosas;  que  haya  servido   que sabemos y que fuiste muy dichosa en encontrarme.
 seis  años  a  un  médico  famoso,  y  sabido,  en  su  infancia,
 sus  rudimentos  de  memoria.  MARTINA:
   -¿A qué llamas tú ser muy dichosa en encontrarte? ¡Un
 MARTINA:  hombre que me condena al hospital, un libertino, un traidor
 -¡Malhaya  el loco  rematado!  que se come todo cuanto tengo!
 SGANARELLE:  SGANARELLE:
 -Malhaya  la  tiñosa!  -Mientes; me bebo una parte.
 MARTINA:  MARTINA:
 -¡Malditos  sean  el día  y  la  hora  en  que  se  me  ocurrió  dar  el    -¡Que me vende, prenda a prenda, todo lo que hay en
 sí!  casa!
 SGANARELLE:  SGANARELLE:
 -¡Maldito  sea  el notario  cornudo  que  me  hizo  firmar  mi    -Eso es ser casero.
 ruina.
   MARTINA:
 MARTINA:  -¡Que me ha quitado hasta la cama que tenía!
 -¡Que  seas  tú  realmente  el que  te  quejes  de  este  negocio!
 ¿No  debías  estar  en  todo  momento  dando  gracias  al Cielo   SGANARELLE: -Así te levantarás más temprano.
 de  tenerme  por  esposa?  ¿Y  merecías  casarte  con  una  persona
 como  yo?  MARTINA:
   -¡Que no me deja, en fin, un solo mueble en toda la casa!
 SGANARELLE:
 -Verdad  es  que  me  hiciste  demasiado  honor  y  que  tuve    SGANARELLE:
 ocasión  de  alabarme  la  noche  de  bodas.  ¡Eh,  pardiez!  No  me    -Así puede uno mudarse con más facilidad.
 hagas hablar de eso. Pues diría ciertas cosas.

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