Page 8 - El médico a palos
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MOLIÈRE EL MÉDICO A PALOS
MARTINA: MARTINA:
-Ved al hombre entendido con su bendito Aristóteles. -¿Qué? ¿Qué dirías?
SGANARELLE: SGANARELLE:
-Sí, un hombre entendido. A ver si encuentras un leñador -¡Basta! Dejemos ese capítulo. Es suficiente con que sepamos lo
que sepa, como yo, razonar las cosas; que haya servido que sabemos y que fuiste muy dichosa en encontrarme.
seis años a un médico famoso, y sabido, en su infancia,
sus rudimentos de memoria. MARTINA:
-¿A qué llamas tú ser muy dichosa en encontrarte? ¡Un
MARTINA: hombre que me condena al hospital, un libertino, un traidor
-¡Malhaya el loco rematado! que se come todo cuanto tengo!
SGANARELLE: SGANARELLE:
-Malhaya la tiñosa! -Mientes; me bebo una parte.
MARTINA: MARTINA:
-¡Malditos sean el día y la hora en que se me ocurrió dar el -¡Que me vende, prenda a prenda, todo lo que hay en
sí! casa!
SGANARELLE: SGANARELLE:
-¡Maldito sea el notario cornudo que me hizo firmar mi -Eso es ser casero.
ruina.
MARTINA:
MARTINA: -¡Que me ha quitado hasta la cama que tenía!
-¡Que seas tú realmente el que te quejes de este negocio!
¿No debías estar en todo momento dando gracias al Cielo SGANARELLE: -Así te levantarás más temprano.
de tenerme por esposa? ¿Y merecías casarte con una persona
como yo? MARTINA:
-¡Que no me deja, en fin, un solo mueble en toda la casa!
SGANARELLE:
-Verdad es que me hiciste demasiado honor y que tuve SGANARELLE:
ocasión de alabarme la noche de bodas. ¡Eh, pardiez! No me -Así puede uno mudarse con más facilidad.
hagas hablar de eso. Pues diría ciertas cosas.
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